Disciplinar a un niño, es educarlo dentro de normas, principios y valores. Es formarlo para que dentro de su personalidad individual cuente con un arsenal de hábitos eficaces para desempeñarse en la vida adulta con seguridad y alta probabilidad de éxito. Sin embargo, es una tarea que exige atención especial.
Disciplinar, es enseñar lo que SI e puede hacer y lo que NO se puede hacer, qué es correcto y qué NO es correcto. Es enseñar que toda conducta tiene una consecuencia para uno mismo, para los demás y para el ambiente. Es educar en LIMITES, reconociendo esa frágil frontera entre nuestra libertad y la de otros. Ese ejercicio, le otorga al niño un marco de referencia que le ayudará a desarrollarse y adaptarse a la vida con mayores probabilidades de éxito. Es una tarea para padres responsables y valientes. Padres que no desesperan y quebrantan su palabra ante el berrinche temporal de un capricho injustificado.

Aguirre 2007
Los lÃmites le dan al niño una base para avanzar, le construyen un conjunto de certezas sobre las que apoyarse para enfrentar el mundo con seguridad y confianza. Los niños educados con disciplina y lÃmites claros se adaptan muchÃsimo mejor y más rápido a cualquier situación de la vida, se frustran mucho menos, aprenden a respetar a los otros, son capaces de seguir normas y se desenvuelven más exitosamente en la sociedad. Los niños que crecen sin lÃmites, en cambio, son desadaptados, rebeldes, caprichosos, irrespetuosos, problemáticos, inquietos, nerviosos, manipuladores, nada los conforta, fracasan con más frecuencia en los estudios… pero más alarmante aún: NO SON FELICES.
Disciplinar a un niño no es cuestión de improvisación, es una tarea árdua que se aprende en ela práctica. Alcanza que los padres asuman la responsabilidad de formadores y que tengan la firme desición de asumir el reto. El paso básico es establecer normas y lÃmites claros basados en el EJEMPLO. Estemos claros, no se puede exigir que el niño diga la verdad si esta no es un valor personal, por tanto, cada norma a establecerse debe ser seriamente construida, asumida y sustentada.
Una vez establecida la baterÃa de normas entre los padres, es recomendable discutirlas con los hijos, especialmente cuando hay variantes debido a las diferencias de edad entre hermanos. Por ejemplo que la hora de llegada para el adolescente de 14 sea a las diez de la noche, y la del joven de 22 años sea a la dos.
Las normas difieren en cada familia. Hay hogares más conservadores, otros más liberales, en otros las normas se ven afectadas por el medio socio-cultural y geográfico en que se encuentren ubicados (influencia de la delincuencia, seguridad o inseguridad de estar fuera de casa en la noche). Para algunos padres decir “palabrotas” está permitido, mientras que para otros el hecho puede estar prohibido y ser digno de sanción.
Algunos ejemplos de normas pueden ser:
•   Respetar horarios (de dormir, comer, hacer las tareas y estudio, levantarse para ir al colegio, televisión, regreso de reuniones o fiestas).
•   Hablar con respeto (no gritar, no insultar, no decir malas palabras).
•   Escuchar cuando le hablen, pedir permiso para salir a jugar, apagar la luz del cuarto al salir de la habitación, apagar la tele cuando no se ve, no dejar la puerta de la nevera abierta, no hablar con extraños, decir la verdad.
•   Cumplir con los deberes diarios: HACER TAREAS, y otras pequeñas cosas que los niños deben hacer para colaborar con las tareas del hogar como asear el cuarto, arreglar la cama, limpiar los zapatos, regar las plantas, recoger los platos de la mesa, recoger la ropa sucia, guardar el uniforme, guardar los libros, recoger el material de estudio después de las tareas, recoger los juegos después de jugar, etc.
Es importante tener presente algunas consideraciones al establecer las normas: estas deben ir de acuerdo a la edad, madurez y responsabilidad que muestre el niño; una vez establecidas, se deben mantener y cumplir; algunas normas pueden negociarse en ocasiones, pero otras no son negociables, especialmente las que tienen que ver con el respeto a los otros o con deberes básicos como asistir a la escuela.
Bajo ninguna circunstancia se debe contradecir o descalificar al otro padre (o adulto encargado) frente a los hijos. Cualquier diferencia, debe aclararse en privado. Los padres deben ser un frente unido, sólido y confiable; si los hijos perciben desacuerdos en las normas, el mensaje perderá validéz y buscarán formar alianzas según sus propios intereses, quebrantándose asà la confianza en la autoridad paterna-materna.
El mejor estÃmulo para el buen comportamiento es destacar las conductas positivas y reforzarlas con expresiones de afecto y aprobación. Este ejercicio, que facilita enormememnte la tarea disciplinaria, fortalece la autoestima, refuerza la imagen personal e incentiva la buena conducta, deberÃa constituirse en práctica diaria para todas las familias.
Los padres son los encargados de hacer cumplir las normas explicando el por qué de las mismas dentro de los valores familiares, permitiendo que el niño tome sus propias decisiones y asuma las consecuencias de las mismas.
LÃmites claros y disciplina junto a las palabras de estÃmulo y aprobación que escuchamos desde que somos pequeños van formando eso que llamamos conciencia, esa “vocecita interna†que cuando somos adultos nos motiva, nos alienta, nos ayuda a tomar decisiones correctas cuando papá y mamá ya no están allà para indicarnos qué hacer. Cuando el joven comienza sus ensayos de independencia, es cuando se observan mejor los efectos de la formación disciplinaria en el hogar, y cuando esa “vocecita interna†actúa para decirle “no†a las drogas, a reconocer amigos nocivos, a no tener relaciones sexuales sin protección, a elegir estudiar para el exámen de mañana en lugar de tomar cervezas con los amigos, entre otras situaciones.
Y esa “vocecita” crece dentro de cada uno de los hijos si se ha sembrado y regado la semilla. Muchos padres, se quejan del cansancio y de la gran inversión de energÃa que implica “llevar a los hijos por el buen caminoâ€; sienten que tienen que insistir y repetir constantemente la misma instrucción y ésto los agota al punto de querer renunciar y dejar que los niños ganen la batalla. Es el momento que los padres deben recordar que ése es exactamente el rol de padre: no desistir, continuar formando al pequeño aún cuando se piense que es un caso perdido. La constancia dará sus frutos más temprano que tarde. Nunca se debe olvidar que ser padres exitosos más que un deseo que se proyecta, es una travesÃa que se construye dÃa a dÃa.
la familia es la base para enseñar ya aprender constantemente